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viernes, enero 03, 2014

Omar y las bengalas


Omar y Helmutt me mostraron un local y me dijeron: "Vamos a poner un bar ahí, querés ser socio?" Conociéndolos, pensé: "Va a ser un lugar delirante. Pero prefiero la paz". Y rechacé ser parte de lo que luego sería el Bar Einstein.

El papel que tuvo Omar en la cultura y "parakultura" argentina es difícil de apreciar aún, pero es muy importante.
Omar es un muy buen tipo. Incapaz de dañar directamente a nadie, ha ayudado a muchos artistas. Ha reconocido su irresponsabilidad, está pagando por ello, y debe ser escuchado, porque aún preso, sigue interviniendo en lo social y apunta a algo que la sociedad argentina no quiere ver: la "ideología de la bengala". Yo prefiero llamar a eso "el culto de la euforia".

Argentina piensa mal, vive mal, porque su centro reside en la euforia, no en la reflexión. Y este no es un cuestionamiento menor. Cuánto papel tuvo Omar mismo en fortalecer este culto, es algo que debe responderse a sí mismo.

Omar, ya sabés quien soy, te mando un gran abrazo.





Este es el comentario que puse en el foro de La Nación, sobre la nota realizada a Omar Chabán y los eventos de Cromañón.



viernes, noviembre 02, 2007

El placer de la destruccion y la adiccion al deterioro

Apenas la guerra de Malvinas terminó, salieron en los puestos de revistas de Buenos Aires unas curiosas revistas militares que ofrecían trabajo de mercenarios a los recientes ex-combatientes argentinos. Con enorme sorpresa, me enteré que muchos de esos jóvenes, lejos de traumarse por la experiencia vivida, ya no podían vivir sin estar en combate, o al menos, necesitaban vivir con la expectativa de futuras batallas.
Investigando este hecho, lo relacioné con mi propio medio social de entonces: actores, artistas y escritores de la Buenos Aires de los 80, que no podían vivir sin otra experiencia extrema que era similar a la guerra: las drogas, incluyendo tabaco y alcohol. Aquí también puede incluirse a la adicción a la comida y al sexo que originan "shocks biológicos" cuyas adicciones son indiferenciables de la adicción a las drogas en un montón de cosas.

Una "cargadita" de nuestros irmãos brasileiros. La serie de fotografías policiales del deterioro de una joven adicta termina en... una hincha argentina. Muy ilustrativo.

Ambas experiencias - el shock biológico y el shock tóxico - son más similares de lo que se supone: la euforia de la batalla y del "saque" (sea tóxico o biológico) dan esa sensación de intensidad momentánea que "lo hace sentir vivo" a uno. Para quien se halla en la trinchera con el riesgo de morir a cada instante, y para quien acaba de darse con algo, la vida es ESO. Eso es un momento místico para quienes no conocen un estado superior. Ambos están intensamente en el presente, olvidados de sí mismos, en un estado que se parece peligrosamente a la felicidad real - pero que no es. Hay deportes de riesgo, como el montañismo, o el bungee-jumping, que causan el mismo efecto, y son asimismo destructores del cuerpo físico.
Hay poca diferencia, desde el punto de vista de la destrucción biológica que supone, disparar una bala a otro joven, o convidarle una raya de cocaína. Estar en una comilona de ataque hepático parece mucho más seductor que estar en una húmeda trinchera bajo fuego enemigo, pero hay miles que prefieren esto último... por ser "un placer superior". No hay más que recordar a Pat Tillman, el astro de fútbol americano que dejó su millonaria carrera deportiva para enrolarse en las fuerzas americanas que combatían en Irak y Afganistán, donde finalmente murió.
Por otra parte, millones de adictos a la comida, y al alcohol, tabaco y demás drogas dirán exactamente lo contrario, y sin embargo, adictos y mercenarios son ambos víctimas de un mismo hecho biológico misterioso: el placer que da la destrucción del propio organismo.
Uno de los ejemplos más aberrantes de este placer lo encontramos en las flagelaciones de origen tribal o "religioso", verdaderos precursores del actual sadomasoquismo.

Este es un extraordinario hecho de la vida:
No es sólo que el placer lleva al deterioro, sino que el mismo deterioro es una fuente de placer.
No es sólo que la adicción lleva a la destrucción, sino que la misma destrucción puede ser una adicción

El mundo entero, en su enorme mayoría, se halla presa de la adicción al deterioro, a los estados de intensidad artificiales: he aquí la raíz del problema.
La TV, el cine, los libros, los deportes, las escuelas, el arte, la música (sobre todo el rock) TODO, TODO, TODO EMPUJA A LOS JOVENES HACIA EL PLACER DE LA DESTRUCCION.





La adicción es un estado energético completo en sí mismo. No importa a qué uno es adicto, ya que eso suele cambiar en el tiempo. Importa el estado en sí: la incapacidad de llegar a los éxtasis naturales.


Las empresas de TV pagan millones de dólares a los actores y deportistas que pueden causar un instante de intensidad a la masa, y la masa a su vez paga millones para lograr sus pequeños momentos de intensidad artificial en sus vidas, sea a través de espectáculos, actividades riesgosas, ingredientes químicos, o sexo.

Lo que sea... pero que sea intenso, eufórico, explosivo!!!



Eso es lo único valorado por la sociedad actual.
Lo único envidiable, deseable, perseguible, razonable.
Debido a esto, vivimos en sociedades brutales, embotadas, egoístas.


Maradona es uno de los mejores ejemplos del papel destructivo de las "distracciones" deteriorantes: su intensa energía de placer destructivo actuó sin obstáculos tanto a nivel social como a nivel personal. Si bien su deterioro personal fue muy evidente y mediático, el deterioro psicológico que causó en millones de jóvenes que crecieron viéndolo a él como un héroe a ser imitado, pasó desapercibido por la gran prensa, a pesar de ser inmenso. Charly García tiene el mismo efecto deteriorante a fondo sobre la juventud aficionada a su música, y Sabina, si bien no tan conocido por cuestiones de adicción, es aficionado a las corridas de toros. Los tres distraen por un lado y destruyen por el otro. Y gran parte de los personajes del deporte y del arte actuales son así; ellos no son ninguna excepción.

Probablemente tengamos muchas explicaciones de por qué el dañar o poner en riesgo de muerte al cuerpo físico nos da tanto placer, pero ninguna de estas explicaciones ayudará a salvarse a quienes están ya adictos al deterioro. Ninguna cantidad de conocimientos químicos salvará a los fumadores, ni a los alcohólicos, ni a los carnívoros, ni a los adolescentes que se aproximan a algunos de estos venenos. Y lo mismo para quienes hallan su fuente de placer en las trincheras, en los restaurantes, los recitales de rock, o en el sexo descontrolado.

¿Qué puede anteponerse ante esto?
¿Existe una alternativa?


De todas las variantes "distractivas-destructivas" de la sociedad actual, la más sincera de todas es el rock pesado: promete destrucción, y eso es precisamente lo que da. Nada de "gloria", "honor", y todas esas pelotudeces. A pasarla bien mientras nos hacemos mierda, y ya.

En alemán existe una palabra que se volvió deliciosa en la filosofía occidental: ersatz
Ersatz pasó a la filosofía occidental no simplemente con su significado original de "sustituto" o "reemplazo", sino algo así como "sustituto inferior, espejismo degradante de algo valioso y real"
Pues bien, las adicciones funcionan como ersatz de la verdadera felicidad.

Porque sí existe algo así, que puede ser llamado "felicidad".

Bajo las condiciones actuales del mundo, es importantísimo decir esto claramente, planamente, sin ambiguedades ni vueltas retóricas, ni giros poéticos, ni nada:
sí existe un estado extraordinario de claridad, de amor y de salud que no se parece a ninguna otra cosa, que no puede ser alcanzado por ningún truco químico.

Los estados de felicidad tienen que ver con la creación, y no con la destrucción.
Esta es su diferencia esencial

Ordena, no caotiza.
Embellece, no afea.
Cura y regenera el cuerpo, no lo destruye ni enferma.
Su "resaca" es más felicidad, y no más dolor.
Su alegría no es solo para uno, sino para todos.
Tiene que ver con la Naturaleza, no con los antros humanos.
Es misteriosa, clara, trascendente, llena de significado.
Relaciona, no aisla. Y esto con todo: con otros y con la Naturaleza.
Es mágica, no delirante.
Es profunda, no superficial.

Este estado natural y maravilloso es vivido por los mutantes en algún momento de sus vidas, y si no es plenamente consciente de ello, o si su experiencia de la misma fue malinterpretada, o no fue "madurada" lo suficiente, entonces ellos buscarán el ersatz de ese estado.

¿Y cuál es el ersatz de la felicidad creadora?
Pues precisamente el placer destructivo.

Somos máquinas perseguidoras de la intensidad máxima.
Si un mutante no comprende que la felicidad creadora ocurre cuando uno tiene su cuerpo sano, su corazón en paz y su mente vacía, entonces su anhelo natural de tener esos estados se convertirá gradualmente en desesperación, y finalmente se tirará a la pileta de las sensaciones químicas.

Y SE SABE... EL PLACER QUIMICO DETERIORA.
FISICA Y PSICOLOGICAMENTE.

INEVITABLEMENTE, EL PLACER QUIMICO OBSTACULIZA LOS ESTADOS CREADORES PORQUE SU ESENCIA ES LA DESTRUCCION, EL CAOS, Y EL DOLOR.

He visto esto suceder una y otra vez: personas valiosas, que vivieron los éxtasis naturales y la perdieron, fueron luego llevadas por la desesperada búsqueda de otros éxtasis hasta las garras de los placeres químicos, y luego de años de deterioro, habían perdido toda posibilidad de regresar a la felicidad original.

Pasa todo el tiempo, en todas partes.
Comprender esto es crucial para los que buscan algo más en esta vida...