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lunes, febrero 12, 2018

El tesoro de la enseñanza


Jacintos en flor en el Centro Krishnamurti de Brockwood Park, Abril 2016

Susana Morales, parte de un diálogo en una red social.
La enseñanza de K es un tesoro para el ser humano. Dices que si somos libres no tiene sentido K. Pero quién es libre? Yo no conozco a nadie (en el sentido de liberado del ego).
Yo puedo renunciar al trabajo, a la casa, a la familia, me puedo ir a una cueva, pero eso no me va a hacer libre. Puedo comprender desde el pensamiento los mecanismos mentales y observarme desde ese pensamiento. Todo esto es nada.
No es el trabajo el que nos da o nos quita la libertad sino nuestra relación con ello. Y así con todo.
Se pueden tomar "atajos" basados en la creencia de lo que es ser libre, pero nunca se sale del ego.
Como no somos libres, la enseñanza de Krishnamurti es un indicador para la humanidad. No son sus palabras las que hacen algo, es nuestra relación con sus palabras. Y esa relación puede ser una distorsión, estar basada en la dependencia o la creencia. Pero eso no afecta a las palabras de K, es algo que depende de nosotros. Si podemos escuchar, K es un tesoro. Si ya desde un principio tenemos la idea de que no hay que leer a K, no vamos a escucharlo.
Empezar por ver que lo principal está en nosotros y no en lo de fuera, me parece básico.
Dices que hablar por aquí es una dificultad. No sé si es tan así. Si hay comunicación, en el formato importa poco. Lo que podemos añadir en un diálogo cara a cara son, como dices intenciones. Me pregunto si se puede añadir algo que no sea del "ego".

Tal vez por acá se suena más duro, pero eso tiene poca importancia si lo que importa es investigar.
El hecho de reunirse físicamente o por cualquier medio, entiendo que es porque no somos libres y juntos podemos investigar, ir viendo esa falta de libertad. Cómo decía, importa más la relación que uno tenga con esto que el hecho en sí.

Mucha gente se reúne o habla para su propio placer, para alejar miedos, sentirse apreciado o simplemente entretenerse con algo que considera sagrado.

Ver el juego de la maldad a través de los cuerpos indiferenciados




Parte de un diálogo.


En cuanto a la comprensión vs. corte de relación... si uno comprende realmente que está con alguien que está poseído por la maldad (o como queramos definirlo) esa propia claridad hará, seguramente, que pongamos los pies en polvorosa, como decían antes. Pero eso no es suficiente; hay algo más que podemos aprender, y es nuestra relación con la maldad.
Aquí hay una cuestión paralela: la sensibilidad al mal, algo en que vengo insistiendo desde hace algún tiempo a raíz de las múltiples discusiones políticas en las que me meto.
Hemos dicho que lo bondadoso se revela a sí mismo, se expone tal como es, y por eso es relativamente fácil sentirlo.
Pero la maldad no es así: se disfraza, se justifica, miente, confunde, etc.
Entonces la maldad resulta ser más difícil de ser percibida.
Una situación típica es justificar una relación violenta por X motivos. Es muy frecuente. La víctima, en general, niega algo extremadamente obvio para todos los que la rodean: que está siendo victimizada. No percibe la maldad y no hay forma en que la vea.
Los propios deseos suelen formar parte activa en mantener una relación tóxica, ya que al mantenerla estaremos obteniendo algún "premio", sea sexual, emocional, social, material, etc. Y los deseos, se sabe, son una gran puerta al sufrimiento.
Entonces la cosa es un poco compleja.
Está la pareja con el mal actuando contra uno, pero al mismo tiempo nos negamos a ver ese mal por algún tipo de enganche, por algún "beneficio". Cuando ya no hay "beneficio" alguno, la situación sí se vuelve enteramente de esclavitud o prisión de la que sólo cabe escaparse físicamente. Es verdad que el mal no es algo a ser comprendido sino percibido, como dijeron más arriba. Y cuanto antes, mejor.
Pero si la relación no ha llegado al estado de esclavitud y por algún milagro uno abre los ojos, no debería ver solamente la maldad en el otro, sino también en qué lugar ese mal exterior se ha afirmado en uno mismo, porque en todos existe el ego, y como dice Krishnamurti, entonces todos tenemos una pequeña sucursal de la maldad ahí dentro.
Por lo tanto, la cuestión es comprender tanto el juego exterior como el interior. Es un todo. Es ver el juego de la maldad a través de los cuerpos indiferenciados.
Es un error mirar toda la situación desde la perspectiva personal; hay que mirarla "desde afuera". Los amigos suelen ver mejor lo que pasa en una pareja tóxica, por ej, porque están viendo las cosas sin demasiados intereses, desde una distancia.