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domingo, enero 06, 2008

Salgan del armario, mutantes!

Cuando Krishnamurti vivía, aquellos que habían descubierto qué era lo que estaba detrás de sus enseñanzas se cuidaban muy bien de hablar sobre eso.
Típicamente, el mutante lector de K era una persona que había leído algunos de sus libros, había tenido algunas "de ésas" experiencias, y luego seguía con su vida rutinaria por fuera y solitaria por dentro - no había nadie con quien compartir...
Cuando fueron publicados el Diario y las Biografías, esto cambiaría. De alguna manera, sentíamos que si K mismo había hablado sobre las misteriosas energías involucradas en todo esto, entonces nosotros también teníamos el derecho a hacerlo, y comenzamos a hablar más abiertamente de nuestras experiencias, incluso utilizando las palabras de K.
Desde la publicación del Diario (un libro infinito) siempre sentí que las personas que habían sido bendecidas con tales presencias DEBIAN hablar sobre eso, a pesar de la natural resistencia que existe en todos ellos a hacerlo, debido en parte a la enorme dificultad de expresar adecuadamente las dimensiones que el lenguaje no está aún preparado para describir.
Siempre tuve una actitud "militante" en este sentido. Sucede que para mí, el Diario marcó un antes y un después respecto a la comprensión de las energías sutiles y el Misterio.
Sostengo que el cerebro DEBE tener una mínima información teórica sobre los sucesos energéticos que ocurren a toda persona que entra en contacto con las enseñanzas de K.

En este asunto hay cuatro clases de personas, según su conocimiento de las enseñanzas de K y su experiencia con otras dimensiones:

La primera es la persona normal, que jamás tuvo una experiencia trascendental ni conoce nada de K. No están diseñados ni psicológica, ni energética, ni biológicamente para toparse con estas cosas, y son esencialmente destructores de la Naturaleza y de sus semejantes; aún los que parecen más inofensivos terminan causando algún tipo de daño a lo largo de sus vidas. Yo los llamo "normales" debido a que son la norma y a que viven la vida de acuerdo a normas religiosas, psicológicas y sociales a los que se ajustan cuando no están poseídos por la desesperada búsqueda de placer.
Desgraciadamente, son la enormísima mayoría de la humanidad.

La segunda clase es el lector de K que jamás pasó conscientemente por las experiencias atemporales o de percepción profunda. Se vuelven lectores crónicos de K, y eventualmente siempre terminan mezclándose con alguna secta, gurú o terapia. Siempre tengo la duda de si son normales que leen a K o si son mutantes perdidos.

El tercer tipo es muy curioso: se trata de los mutantes que no viven actualmente las enseñanzas de K, y sin embargo, sí tienen contacto con las dimensiones sutiles. En general, han leído a K en el pasado, y luego el deseo los arrastró hacia una vida que es una mezcla de momentos mágicos y confusión. A lo largo del tiempo, suelen terminar en actividades relacionadas a la new age, medicina alternativa, yoga, arte, etc. ¡A veces hasta caen en alguna secta! Ellos sí son conscientes de que a veces "pasa algo" y ponen varios nombres a esas experiencias... lo que refuerza su condicionamiento. Suelen estar muy cerca del mundo de las drogas, y muchos oscilan entre el consumo y la abstinencia.
Gradualmente, a medida que se van contaminando física y psicológicamente, estos mutantes van perdiendo su contacto con las energías y más tarde o temprano suelen ser severamente "castigados" por la Vida.
A éstos los suelo llamar "mutantes perdidos"; aquellos que no pasaron de la "tentación de los bodhisattvas"

Finalmente está el bienaventurado mutante que vive las experiencias de las que habla K y que a la vez su mente consciente tiene la información correcta. Estos suertudos - o karmudos que habrán dado de comer a 1.000.000 de elefantes en la vida pasada - son toda la esperanza de la Tierra; no hay otra. Aún con todos sus conflictos, malestares, confusiones, desastres... son los ojos de la humanidad que de otra manera estaría completamente ciega.
Absolutamente una minoría dentro de la minoría, yo creo que es fundamental que estos mutantes - así como los perdidos -sepan qué es lo que les pasa lo más temprano posible, y también que se conozcan unos a otros, que se reúnan, aumenten sus comprensiones y vivencias, y vayan formando los núcleos de la nueva humanidad. Esto ya está pasando, pero aún hay una inmensa mayoría de mutantes que anda navegando en un mar de normales que se encargan - consciente o inconcientemente - de que la pasen bien mal (o bien y mal)

Entonces SI QUE ES NECESARIO que los mutantes habran la bocota sobre lo misterioso y feliz... no guarden más para sí mismos esas vivencias, compártanlas con el resto de nosotros!!!
Sabemos que hablar de esto es todo un problema porque "carga la mente" sobre algo que "debe pasar de largo", nos expone a la incomprensión y las idioteces de los normales, y nos molesta porque generalmente somos tímidos e intimistas, pero la alternativa - esto es, callar - ES PEOR PARA EL RESTO DE LOS MUTANTES.

K no enseñó sólo a través de las palabras, sino también con el ejemplo; al escribir su Diario, al compartir su vida espiritual íntima, dió toda una señal a las futuras generaciones de mutantes sobre qué hacer con estas cosas.

Compartir lo misterioso no es una cuestión de ego, de propaganda, o de sectarismo, sino que es una absoluta necesidad: inspira a muchos, diluye la agonía del mutante solitario, crea nuevas amistades, y va construyendo la nueva cultura que eventualmente cubrirá al mundo.

El misterio se comporta en forma sorprendente e inexplicable (si fuera predecible y explicable, no sería el Misterio) y actúa de forma única y especial en cada persona. Esto convierte a las historias de cada mutante en algo muy divertido de leer!!! Porque uno siempre termina aprendiendo algo nuevo, sorprendiéndose de cómo la Energía ha intervenido creativamente en cierta vida en particular.
Estas historias jamás se repiten, son únicas, y tienen el bellísimo aroma de lo inmenso.

Yo comencé mi blog con el propósito de juntar a los mutantes y animarlos a escribir sobre sus vivencias, y ayer, 5 de enero, sucedió algo que verifica lo correcto de esto.

Pero eso ya es otra historia.


sábado, septiembre 22, 2007

El deseo y la inteligencia



Caminábamos con Eduardo por los callejones de San Marcos, que a la hora del ocaso se suelen volver mágicos. Estos callejones transcurren bajo ramas entrelazadas; son túneles verdes con una alfombra de arena blanca.
Los rayos de sol se metían furtivos desde el oeste manchando aquí y allá con llamas anaranjadas, y los árboles ya estaban listos para reposar su noche. La luna alta en cielo también serpenteaba sus rayos entre las hojas, y entonces el camino blanco se hacía más blanco que nunca.
Había un clima muy especial.
Hablando de astronomía, inadvertidamente se hizo dentro de mí un espacio silencioso. Dentro de ese espacio apareció la respuesta a una pregunta que me hice a mí mismo días atrás: ¿cuál es el lugar correcto del deseo?
Una mente iluminada, ¿es una mente sin deseos?
¿Son totalmente incompatibles la inteligencia y el deseo?
Mientras seguía hablando con Eduardo sobre galaxias y materias oscuras, dentro de mí comenzó una indagación no verbal sobre esto.
Es evidente que una vida sólo puede estar guiada por dos cosas: o por lo personal, o por la inteligencia, que es impersonal.
La Mente Cósmica tiene su lugar para cada uno de nosotros. Una forma menos dramática de decirlo es que todos tenemos un lugar, un tiempo y una acción en la Vida. Pero nosotros nos apartamos de ese "plan" por los pensamientos y deseos egocéntricos. Dependiendo de la intensidad de esos pensamientos-deseos, nos separamos más o menos de nuestro lugar, tiempo y acción correctos en la Vida.
Ese "plan" tiene previsto para nosotros el trabajo correcto, el lugar correcto para vivir, la pareja correcta, la dieta correcta, etc. pero nosotros no escuchamos esa voz silenciosa que nos llevaría a una vida de felicidad, y en vez de eso nos dejamos llevar por el placer inmediato, o las ideas equivocadas, y terminamos muy lejos de una vida armónica, viviendo momentos de gran placer y profundo dolor.
Una vida inteligente es una vida sin placer y sin dolor tal como se conocen estas dos cosas. En vez de placer hay felicidad, que es muy, muy, muy otra cosa. Y en vez de dolor, hay pasión, que también es totalmente distinto que el dolor y la pasión "pasional" de las películas; podríamos llamarla también "intensidad"
Una vida guiada por la inteligencia "creará" en ese ser humano los pensamientos Y LOS DESEOS necesarios para que realice los actos correctos.

Los deseos son un evento más de la vida, tal como los pensamientos o los instintos. Todas estas cosas pueden (o no) ser utilizadas por la inteligencia para "su plan"
Tenemos entonces que los deseos pueden tener dos orígenes: el pensamiento o la inteligencia.
Supongamos que la Vida ha diseñado a dos personas para casarse entre sí. En ambos surge el impulso, el "deseo" de estar juntos, que además es afirmado por múltiples pequeños "milagros" y "casualidades" que los acercan.
Uno de ellos no resiste el fluir, pero el otro comienza a tener fantasías y deseos producidos por su pensamiento, y se aparta de esa pareja correcta y comienza una vida de placer-dolor en aventuras sexuales sin fin.
Finalmente, ambos sufrirán; la persona que sigue el curso de la inteligencia también sufrirá porque se quedará sin su pareja correcta. Esta es la naturaleza del deseo egocéntrico: no sólo causa placer-dolor a su portador, sino a todos los que entran en contacto con él.
Así que tenemos dos formas del deseo, dependiendo de su origen: si desde un estado despierto surge en una persona el deseo (correcto) de comer una torta, y en otra persona este mismo deseo (incorrecto) surge desde lo instintivo-emocional, pronto veremos a dos personas comiendo la misma torta, pero una estará avivando la Vida y la otra estará clavando sus dientes en su futuro dolor - y en el de sus seres queridos.
El deseo no es bueno ni malo; es como el hambre, o como un pensamiento; lo que define su cualidad es su origen.
Los iluminados también tienen deseos; pero sus deseos son creadores de Vida, tal como el deseo de los animales en celo, o el deseo de cantar de las aves en este ocaso silencioso y vasto, a los costados del camino blanco.