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jueves, agosto 15, 2019

La libertad sólo puede coexistir con la honestidad


Respuesta en un diálogo en Facebook sobre temas afines a la generosidad, la dádiva, el populismo.

Interlocutora:
Lo que se ve claramente es que ninguno de vosotros es generoso y que no queréis que se os obligue a serlo. Queréis ser unos "garcas" con toda libertad y que nadie cuestione vuestra postura. El mal no existe, es pura privación. Elegimos actuar mal o bien, siempre es nuestra elección. Y si te juzgan por estar del lado de los que no necesitan de nada (y si no necesitan de nada es porque obviamente se ha quedado con lo de otro), pues ajo y agua.

Respuesta:
Estás simplificando en exceso o no me lees bien.

Dije que tenés que tener la máxima libertad siempre, porque todas las personas son más felices a medida que tienen más libertad. Libertad para ser generoso o tacaño, para fumar el pasto de Plaza de Mayo o dejarte los pelos de las axilas, libertad en un mundo sin fronteras, etc etc etc
Si viniste a este mundo para experimentar la soledad y la tristeza de ser egoísta, tenés que tener también esa libertad. Libertad de no tener un papá estado o una religión que te diga qué tenés que hacer y cómo, a cada rato.
Pero no podés tener la libertad de recortar las libertades de otros, ni siquiera bajo la excusa de obligarlos a ser buenos, caritativos y bonitos depilados.
Hasta aquí es claro, ahora?

La libertad sobre todo.

Luego viene el tema de que si tenés que ser generoso, sea porque naciste así y querés tener la libertad de dar libremente a quien quieras, o porque naciste en un estado paternalista que te obliga a ser generoso, bonito y pelado, entonces aún así ese estado podría funcionar bien con la condición de que la gente que depende de esa ayuda no sea deshonesta, es decir, que haga el esfuerzo por salir cuanto antes del estado de dependencia y a su vez colocarse en el bando de los caritativos, forzada o naturalmente.

Esto fue lo que volvió tan famoso al sistema escandinavo.

Pero si el receptor de la ayuda decide tomarse la libertad de depender a perpetuidad, o si un gran número de dependientes no puede cambiarse al bando de los dadores, el sistema entero colapsa y pronto tendremos a sus habitantes bajo una dictadura que expulsa a sus pobres y rebeldes hacia otros países, o los encierra dentro de sus murallas.
Ya más clarito?

Que yo decida ser tacaño o generoso, o fumar pasto o dejarme la melena, no debería importarte un pimiento, porque es parte de mí camino, de mi experimentación espiritual.
Ahora, sí debería importarte observar cómo funciona esto dentro de los estados, porque esa comprensión podría ahorrar muchos sufrimientos, hasta podría haber evitado, por ej, que exista el chavismo.



miércoles, agosto 07, 2019

Fabio Zerpa




Intenté hablar con Fabio Zerpa pocos días después de mi experiencia Ovni en Misiones, el 17 de Noviembre de 1978. No estaba y me atendió un empleado suyo que tenía muy mala onda, así que no volví más a la redacción de su revista "Cuarta Dimensión" y así fue como no nos conocimos.
Teníamos un amigo en común, Armando Clavier; él desde la época en que ambos eran actores. Armando fue actor hasta que descubrió a Krishnamurti y abandonó las tablas. Fabio, hasta que vio un Ovni desde un avión al mediodía del... 17 de noviembre de 1939.
Pero esta casualidad de fechas continúa: en ambos casos hubo alineamiento Sol-Urano.

De todo esto, me acabo de enterar hace minutos. Abajo se incluyen las cartas de esas experiencias, con otras coincidencias más como el sector de la Luna (!!!)

A consecuencia de estas experiencias, muchos quedamos con un síntoma en común: mirar el cielo. Por años miré (y sigo mirando) el cielo escrutadoramente, como buscándolos. En la nota, Fabio dice...

—¿Cuantas veces mira el cielo por día?
—¡Creo que cien veces… Y me quedo corto! —se ríe, y su risa tiene la inocencia de esos niños que lo alentaron a seguir—. Lo miro siempre. De noche, de día…, porque los aparatitos estos aparecen en cualquier hora del día.


Buen viaje, Fabio.

Conversación entre Armando Clavier y Fabio Zerpa sobre las enseñanzas de Krishnamurti, en 1988