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lunes, diciembre 02, 2013

La última trampa del "yo"

Los grupos donde los diálogos son intelectuales se diferencian notablemente de aquellos donde predominan las vivencias - que siempre son los menos. En los primeros, los participantes creen "comprender" y "avanzar", a pesar que, desde afuera, lo que se ve es una inmovilidad absoluta donde los textos son leídos una y otra vez desde los mismos estados internos.
En los grupos vivenciales las personas son sacudidas hasta sus raíces, y la conversación se basa más en lo que les pasa a cada uno en la aventura de una vida en las múltiples dimensiones de la existencia.
Los diálogos eternamente pensantes suceden en los grupos filosóficos, pseudo-K (como Tolle), o incluso en los grupos K. Pero también sucede en los grupos que supuestamente se basan en "vivencias", como los de Osho y similares, donde el laberinto intelectual es cambiado por  un laberinto emocional-catártico.



Pregunta hecha por Alejandra, en el Grupo Uranianos:

¿El ''sobrecuestionamiento'' de los mecanismos psicológicos del que se hablaba el otro día, puede tener que ver con un esfuerzo por comprender? Una intención de comprender, una dirección en la acción?

Respuesta:

El "yo", como "subproducto" del instinto de conservación, lucha por sobrevivir. Es una de sus características.
Y cuando es expuesto ante filosofías y/o prácticas que pueden significar el fin de su sobrevivencia, a veces reacciona de formas muy curiosas, inconscientes

Es muy importante esto último... el "yo" tiene una parte que puede actuar sin ser advertido para sí mismo.

Vamos a un ejemplo concreto, MUY común en los grupos y Fundaciones K (que es adonde apuntás, Alejandra, o no?)

Una persona entra en contacto con las enseñanzas de dos maneras:

- con vivencias atemporales previas que han "desteñido" su yo
- con falta de esas vivencias, y por lo tanto con un yo muy armadito, bien estructurado y afianzado en la sociedad, por ej.


Al final, la razón por las cuales las personas quedan inmovilizadas en el "yo intelectual" o el "yo emocional" durante años, en los grupos supuestamente trascendentales, es una sola: el viejo y tramposo "yo" disfrazado ahora de "buscador de la verdad"
El que entra con el yo desteñido (alias "el desteñido") tiene destellos de percepción inmediatos con respecto a ciertas cuestiones que el el "yo fuerte" (alias "el armado") no ve de entrada.

Esto suele ser muy evidente en dos personajes que aparecen una y otra vez en este grupo como los intérpretes por excelencia de K, que son Tolle y Osho.

El "desteñido" inmediatamente ve algo desagradable en ambos. No sabe qué es, pero sabe que algo anda mal ahí. No puede redondear intelectualmente el por qué le caen mal, simplemente lo siente y ya. Simultáneamente, todo lo que dice K le parece natural, e incluso obvio (bue.. todo todo no, pero huele la verdad pura ahí, y tampoco sabe por qué)

Mientras tanto, el "armadito" necesita de laaaaaaaaaaargas charlas para llegar a ver lo malo de Tolle y Osho. Y al mismo tiempo, no entiende del todo a K, o sea, algunas cosas de él (particularmente de su vida privada) le parecen raras, extrañas, incomprensibles...

Cuando esto se traslada a un grupo de diálogos, es frecuente ver a los más armaditos dar vueltas, evitar, rondar, escapar de todo aquello que implique el fin de los diálogos detallistas de los mecanismos, de esto y lo otro... se resiste a pasar a vivir diferentes estados, ajenos al pensamiento. Los estados meditativos. Entonces el "yo", en forma totalmente inconsciente para el mismo individuo, genera nuevos temas de conversacion que creen que "eventualmente" los llevarán a la iluminación, en algún futuro. Cuando los encontrás liados en los mismos temas, 5 o 30 años después, te das cuenta de que han estado en el mismo lugar, y que esas conversaciones "iluminadoras" son, en realidad una muy sutil trampa del yo para sobrevivir impidiendo pasar a estados de contemplación, percepción que terminarían con él.

Y lo más gracioso es que muchas veces algunas de las personas presas en estas ruedas de conejillos es que promueven estos diálogos con el fin de liberarse del yo.

Por eso insisto tanto en la necesidad de las vivencias previas a las charlas. Y si no se han tenido, entonces, luego de un tiempo de charlas hay que suspender los diálogos, lecturas, pensamientos y tener esas vivencias porque si no, comienza una acumulación de conocimientos que luego se vuelve imposible de destruir.

De hecho, una coraza del "yo", su última trampa, el disfraz de buscador de la verdad.



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