viernes, julio 14, 2017

Historias de animales - La siamesa baja por las escaleras

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No sé si se acuerdan de aquella gata siamesa mía que me ha causado uno que otro brote psicótico, por ejemplo, por meterse (y quedar encerrada) en una casilla de la terraza durante dos días y salir cuando yo ya había empapelado el barrio con carteles de su búsqueda, o también por meterse en el lavarropas entre la ropa sucia y salir un segundo antes de que yo cerrara la puerta de la misma para lavar... pues bien, ha atacado de nuevo.

Se fue por las escaleras, alegremente. Un buen señor, 3 pisos más abajo, la llevó a su casa sin sospechar que entre sus manos tenía a la sobrina nieta de Satanás.
Al llegar a la casa nomás, la gata ya le hizo un tatuaje en su antebrazo como para que recuerde. Mientras tanto yo, como estoy bajo su poder hipnótico, pegaba los carteles típicos de "Se me perdió esta dulce gatita..."

Muy temprano recibí una llamada. Una voz femenina me contó que estaba en su casa, le dije "Ud es un ángel, señora, gracias" y otras cosas así. Me saco la muñequera que uso cuando estoy delante de la compu y salí volando.
Cuando toqué la puerta me atendió la "señora" que no era otro que este buen señor cuya voz no reflejaba tanto su personalidad. "Disculpe, es que mi teléfono anda mal y afina todas las voces... " o sea, lo que le habrán dicho cientos antes que yo.
Así empezamos.


Entré a una casa impecable, limpísima y ordenadísima. Gata bajo la cama. Me dice el Sr: "yo tengo otro gato que es un buenazo, pero ella le bufa"
Gata empecinada en no salir, ni siquiera reconociéndome.
Agachado y tratando de convencer a la gata con mis mimitos verbales, de pronto veo que el Sr. trata de empujar a la gata con un escobillón.
Grave error: la gata tiene pánico a las escobas, cepillos y escobillones.
Comienzo de la batalla. 

Media hora después, la cama estaba contra la pared, el colchón tirado sobre unos muebles, la almohada en el piso sobre la comida de la gata, y la gata escondida en el baño.
Guerra de toalla contra gata en el baño. Arañazo de la gata... dónde? donde un rato antes tenía la muñequera. Como si supiera, la desgraciada.
Se había parapetado entre la bañera y el bidet, desde donde funcionaba como francotiradora. Si en algún momento pensé en dejársela al Sr. por un dia más en el dormitorio, hasta que se tranquilizara, en el baño se me esfumaron las esperanzas porque sometería al hombre a un riesgo sanitario cierto. ¿Quién se va a sentar despreocupadamente en un bidet con semejante amenaza???


Finalmente gata envuelta en la toalla, subiendo las escaleras pero la muy McGiver se escapa. Y aprendí algo: en pánico, los gatos tienden a bajar, no a subir. Debe ser algo evolutivo, buscar el suelo para escapar.
Segunda fase de la batalla, evitando el descenso de la gata de sus árboles originarios con peligro cierto de caída por las ramas/escaleras para el primate con toalla.

Gata entoallada II. Entramos a casa. Reconoce todo de inmediato. En 15 segundos, calma. En 2 minutos, tirada en la cama como si nunca hubiera pasado nada. Mientras me lavaba la herida en el baño, cosa de 5 minutos más, la gata ya estaba panza arriba y los ojos en nirvana.

No creo que el vecino vuelva a rescatar un gato más en su vida. Peor para él. Nunca conocerá los placeres de la sumisión incondicional a estos bichos malvados.

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