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lunes, noviembre 18, 2019

El individuo no es uno de sus grupos

En estadística se saca un promedio de una gran cantidad de entes individuales. El grupo de entes estudiado es una cosa; cada ente es muy, muy otra.
Para ser más claro: una estadística revela que en Japón hay mayor porcentaje de ingenieros que en el Congo, y en el Congo hay un porcentaje mayor de atletas que en Japón. Pero la siguiente vez que a uno le presentan un japonés y un congoleño habría que estar muy loco para apostar nuestra fortuna a que el japonés es ingeniero y el congoleño un atleta; de hecho, podría suceder exactamente al revés.

Las estadísticas apuntan a hechos que incumben a grandes números, no a individuos.

Cuando uno proyecta un resultado grupal sobre un individuo está cometiendo un error científico a menos que diga: "tiene x% más de posibilidades de ser tal cosa que un individuo de este otro grupo" pero sólo eso... jamás podrá asegurarlo.
La asignación de las características de un grupo - sea real, o imaginario, o "folklórico" - a un determinado individuo tiene un nombre: prejuicio.
Los individuos deben ser descubiertos uno a uno, como si no supiéramos realmente NADA de ellos, porque en verdad, es que no sabemos suficiente de nosotros mismos, cuánto menos podemos saber de los demás.
Ni las personas caóticas ni las ordenadas deberían despertarnos simpatías ni antipatías per se: hay que descubrir a cada persona, prestarle atención.

Los grupos a los que pertenece alguien nos dicen muy poco acerca de su totalidad como ser humano.
La estadística sirve, y mucho, para descubrir cosas y aportar soluciones que de otra manera no se podría, pero un efecto secundario frecuente es la formación de prejuicios individuales basados en generalizaciones muy vagas.

Cada individuo es único, irrepetible. Puede o no reflejar los rasgos de los grupos a los que pertenece, en mayor o menor porcentaje, pero el descubrimiento de cada uno se impone.

Y esto de "los grupos" es importante: uno no pertenece solamente a un grupo jamás; pertenecemos a montones de grupos y es esa diversidad precisamente lo que nos hace únicos. Así, uno puede ser del grupo "asiático", pero también del grupo "obesos", del grupo "artistas","esquizoide", "nivel educativo medio", "ateo".... la lista es enorme.
Rige la ley de los conjuntos.
La asignación al individuo de características generales, sean positivas o negativas, es la fuente de muchos males. Es la fuente de enormes guerras, como la Primera Guerra Mundial, donde los jóvenes enviados a matar a otros jóvenes tenían los peores prejuicios entre sí debido a las campañas publicitarias de los gobiernos, hasta que un día, durante una tregua, se descubrieron iguales - un famoso hecho real.
Los prejuicios son un mal mayor.
No se puede advertir suficientemente sobre esto.







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